Scroll to top
Escrito por:

Escrito por:

Luis Enrique Besa Vial

Chile deMente

Hay amistades improbables que terminan produciendo cosas extraordinarias.

Con mi amigo y socio Fernando López nos separan veintisiete años. Fernando nació en 1950 y yo en 1977. Somos, literalmente, de generaciones demencialmente distintas. Y sin embargo, por alguna razón difícil de explicar, siempre hemos conversado como si estuviéramos en la misma etapa de la vida.

A veces ocurre algo curioso: aunque Fernando es mayor que yo, muchas veces pareciera que su espíritu es más joven y el mío un poco más antiguo.

Fernando siempre había estado detrás de cámara. Durante años trabajó como productor, organizando, resolviendo problemas, moviendo piezas para que las cosas ocurrieran. Nunca había aparecido en pantalla.

Pero desde que lo conocí, a través de nuestra amistad, siempre tuve la impresión de que había algo especial en él.

Capítulo 5 | Rudy Vera connotado luthiere nacional

Fernando es una persona genuinamente buena y tiene una cualidad que es mucho más rara de lo que parece: se interesa de verdad por las personas.

No por compromiso. No por cortesía.

Se interesa realmente por las historias de los demás.

Cuando lo escuchas conversar con alguien, te das cuenta de que no está esperando su turno para hablar. Está escuchando. Preguntando. Curioseando con una mezcla de respeto y entusiasmo.

Por eso, cuando comenzamos a imaginar Chile deMente, supe inmediatamente que él tenía que ser el conductor del programa.

Capítulo 6 | Daniel Cordero, autor de la estatua del Papa de 13,5 metros

Las locuras necesarias

Hay una frase que siempre me ha acompañado:

“Las locuras que más se lamentan en la vida de un hombre son aquellas que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad”.

En una sociedad que premia la prudencia, la estabilidad y la repetición de fórmulas conocidas, esa frase suena casi como una advertencia.

Muchas veces vivimos rodeados de ejemplos razonables pero poco inspiradores. Nos faltan historias de personas que se atrevan a hacer algo distinto.

Chile deMente nació precisamente para eso: para encontrar a quienes decidieron escuchar esa voz interior que dice simplemente hazlo igual.

La idea era sencilla. Fernando recorrería distintos lugares para conocer personajes singulares: personas creativas, obsesivas, curiosas, apasionadas. Personas que habían decidido seguir aquello que realmente les importaba.

No celebridades. No expertos mediáticos. Personas reales.

Capítulo 6 | Javiera Casabianca, Asesora comunicacional y esgrimista

Aprender a conversar

Al principio no fue fácil para Fernando.

Estar frente a una cámara es muy distinto a trabajar detrás de ella. Durante los primeros rodajes se notaba que estaba consciente de la presencia del lente, de la estructura del programa, de la idea de “hacer televisión”.

Pero poco a poco algo empezó a cambiar.

En algún momento Fernando entendió que no tenía que actuar ni representar nada. Que el programa funcionaría solamente si él hacía lo que siempre había hecho en la vida: conversar, escuchar, preguntar, Interesarse.

Y cuando simplemente se dejó llevar por la conversación, todo comenzó a funcionar.

Porque lo que aparecía entonces no era un conductor de televisión. Era Fernando, hablando con otras personas, con una curiosidad sincera.

Capítulo 1 | Fernando Moreno, Académico y coleccionista de piedras

El lado A y el lado B

Muy pronto descubrimos algo fascinante.

Muchas personas viven, en realidad, dos vidas.

Está el lado A: la vida visible. El trabajo, la profesión, la rutina cotidiana. Ese lugar donde todos parecemos más o menos parecidos, más o menos razonables, más o menos grises y luego está el lado B.

Ese territorio donde viven las pasiones verdaderas. Las obsesiones. Las rarezas. Los sueños que muchas veces no mostramos demasiado.

Chile deMente fue, en el fondo, un viaje hacia ese lado B.

Un gerente podía ser pirata.
Un publicista podía tocar la gaita.
Un arquitecto podía leer el tarot.
Un ingeniero podía estar obsesionado con los microautos Isetta.

Algunos de nuestros personajes vivían esa locura abiertamente. Otros la guardaban como un pequeño secreto personal.

Pero en todos aparecía algo en común: una vitalidad difícil de fingir.

Capítulo 4 | Ralph Bennett, Publicista y gaitero

Un país lleno de personajes

En el camino encontramos historias que parecían inventadas.

Un armero medieval trabajando en pleno Santiago del siglo XXI.
Un académico brillante que encontraba felicidad jugando con trenes eléctricos.
Un historiador que vivía también como vikingo.
Un poeta popular orgullosamente guachaca.

También conocimos a un juguetero obsesivo que ha dedicado su vida a rescatar la historia de los juguetes fabricados en Chile; a un escultor que trabaja a una escala casi épica; a un empresario que dedica sus noches a observar las estrellas como astrónomo amateur; y a muchas otras personas que simplemente decidieron no abandonar aquello que realmente los apasionaba.

Cada una de esas historias recordaba algo importante: que la originalidad humana sigue existiendo, aunque muchas veces pase desapercibida.

Capítulo 8 | Museo del payaso

La dificultad de hacer algo distinto

Levantar un proyecto como Chile deMente en Chile fue extraordinariamente difícil.

Durante mucho tiempo golpeamos puertas intentando explicar una idea que no se parecía demasiado a nada que estuviera en pantalla. Y eso, en un medio que suele apostar por fórmulas probadas, no siempre genera entusiasmo.

El financiamiento fue, por lejos, la parte más difícil del camino.

Finalmente el proyecto encontró un hogar en el canal 13c, que decidió abrirnos las puertas. Gracias a esa apuesta pudimos realizar dos temporadas del programa.

Pero incluso así sostener el proyecto era complejo.

Hasta que apareció alguien que decidió creer en esta quimera.

Nuestro mecenas fue un empresario de gran generosidad que tuvo la intuición; o tal vez la locura, de apostar por esta idea cuando todavía era solo una promesa.

Sin ese gesto, Chile deMente probablemente nunca habría existido.

Fernando en las oficinas del canal 13c

Un jardín que casi no miramos

A pesar del cariño que despertó el programa, Chile deMente no logró continuar más allá de dos temporadas.

Y eso fue triste.

Fue triste darse cuenta de que este tipo de proyectos tiene muy poco espacio en Chile. Aquí muchas veces prima lo fácil, lo evidente, lo que ya sabemos que funciona.

Eso habla bastante mal de nuestros medios y de nuestra televisión.

Porque uno no puede evitar pensar que en otros lugares, con más tiempo y más apoyo, algo así podría haber crecido lentamente y convertirse en algo realmente especial: un programa poético, distinto, lleno de humanidad.

Un pequeño antídoto contra la época que vivimos.

Una época marcada muchas veces por disputas políticas, por enemistades estridentes y por gente furiosa discutiendo con otros, como si todo debiera dividirse en bandos irreconciliables.

En ese ruido permanente, las personas reales; con sus pasiones, sus rarezas y sus historias, quedan muchas veces invisibles.

Capítulo 11 | Empresario agrícola y pirata

Una experiencia irrepetible

Y sin embargo, mirando hacia atrás, no puedo pensar en Chile deMente con tristeza.

Todo lo contrario.

Fue una de las experiencias más bonitas de mi vida.

Gracias al programa tuvimos la oportunidad de conocer personas extraordinarias que le dan color a este gran jardín que es Chile.

Un jardín donde a veces pareciera que predominan los tonos grises, pero donde, si uno se toma el tiempo de mirar con atención, aparecen flores inesperadas.

Personajes únicos.
Historias singulares.
Pequeñas locuras maravillosas.

Personas que nos recuerdan algo muy simple.

Que la vida no se trata solamente de hacer lo correcto, lo esperado o lo prudente.

A veces se trata, simplemente, de atreverse a cometer una buena locura.

Resumen segunda temporada Chile deMente:

Descubre más desde Luis Enrique Besa Vial

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo